5 de enero de 2012

A PROPÓSITO DE ENCUESTAS


EL CARTELITO

El alemán Christoph Schlingensief (1960-2010) fue un “artista de acción”. Tal definición es lo suficientemente holgada como para albergar todas las variaciones interpretativas que a uno se le antojen, o ninguna. Por lo mismo es bastante precisa para describir la actividad artística que Schlingensief desplegó a lo largo de su breve residencia en la tierra. Con envidiable desparpajo y no poco talento metió las manos y las patas en el cine, el teatro, la ópera, la televisión, la dramaturgia, la performance callejera, y por supuesto también en los muladares de la televisión. Pero lo que caracterizó su quehacer artístico fue, sin duda alguna, su extraordinaria capacidad de provocación intelectual y política. Schlingensief era en este difícil arte de la comunicación una suerte de Rey Midas: todo lo que hacía se transformaba en un gargajo en el ojo del establishment, en una bravata al orden natural o espurio de las cosas (incluída en estas por cierto, el cáncer que lo liquidó).
Advierto aquí que estas pocas líneas están lejos de ser un piadoso in memoriam de Schlingensief. Tampoco son un loor obnubilado de su obra, la que ofreció siempre –fiel a sí misma- un generoso espacio común para el enfrentamiento de sus detractores y admiradores. Si hago esta necrológica evocación de Schlingensief es porque acabo de terminar la siempre indigesta lectura de la última encuesta de “opinión pública” que mes a mes se realizan en este país en el que vivo y que junto a otros diecisiete millones insisto en llamar mío aunque, mirado el asunto de cerca, este enunciado de posesión sea más que dudoso. Fue, pues, esta lectura la que me llevó a recordar que en 1997 Schlingensief fue detenido por la policía alemana por encargo expreso de un fiscal pequeñito por dentro y por fuera (muy parecido a otros) que lo imputó por “incitación al magnicidio” y por el “delito de sedición”.
El origen de estas imputaciones fue un cartelito que Schlingensief había mostrado en una de sus famosas Kunstaktionen (“acciones artísticas”) en el marco de la Documenta de 1997; a saber, una de las muestras más importantes de arte contemporáneo que se realiza quinquenalmente en la ciudad de Kassel.
El cartelito en cuestión decía:
“Tötet Kohl!” (“¡Maten a Kohl!”).
Recordemos que a la sazón el democratacristiano Helmut Kohl era el canciller todopoderoso de la nueva Alemania reunificada. El cartelito de Schlingensief levantó la polvareda que él esperaba y fue motivo suficiente para que la derecha alemana hiciera tronar sus trompetas morales llamando a impartir un correctivo ejemplar al insoportable contestatario ácrata (el mismo que tiempo antes había organizado excursiones natatorias de indignados para ir a mostrarle el culo a Helmut Kohl en su residencia austriaca de verano en el Lago Wolfgang, como delicada señal de desaprobación de su forma de gobernar). Afortunadamente los jueces de la causa del Estado alemán contra Christoph Schlingensief, aceptaron la argumentación de la defensa en el sentido que tal invitación al magnicidio no era sino un recurso artístico. Una hipérbole, digamos, que simbolizaba, aunque de modo extremo, la crítica radical del artista a la situación política general del país y a sus gobernantes. Los magistrados reconocieron así el primado de la libertad artística del bufón por sobre las razones de lesa majestad.
Volviendo a las encuestas nacionales mencionadas más arriba, todos sabemos que ellas han registrado una altísima temperatura del ánimo popular frente a los “gestores” políticos tanto del gobierno como de la oposición, y ante la precariedad funcional de las instituciones y poderes del chileno estado. No cabe duda que en la actualidad esta temperatura se acerca con rapidez al nivel crítico que precede a las explosiones sociales que suelen hacer historia. (Ingobernabilidad la llaman los siúticos melindrosos). Después de leer tales estadísticas fue que me recordé de la ominosa invitación artística que aquella vez Schlingensief hizo a los alemanes en Kassel.  Pensé que quizá también en Chile ha llegado el momento de escribir un cartelito parecido. Mejor varios.


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